Nunca olvidaré aquel viaje eternamente postergado;
deberíamos habernos conocido en una playa,
con nombre de desierto, oasis solitario de beduino.
Plagado el trayecto de fatigosos senderos,
astilla el mar mis plantas tostadas y descalzas,
con espinas de conchas filosas, diminutos cristales de sal.
Solo y con los ojos fatigados, veo cómo brillan en mi piel
millones de escamas resecas, poros microscópicos;
el sol esparce lágrimas de vida y luz sobre la superficie de mi cuerpo.
Y tú, al final del camino, desnudo e indefenso,
duermes profundamente recostado en las arenas;
esperas entre el susurro de las brisas y el silencio de la espuma.
Nunca olvidaré aquel viaje eternamente postergado;
deberíamos habernos conocido en una playa,
con nombre de desierto, oasis solitario de beduino.
Escrito por: Emiliano Canto Mayén
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