
Pero esta no es la sentencia a que yo me refería; espere usted, aquí la tengo. Vea: “La mayor parte de los hombres no quieren nadar antes de saber.” ¿No es esto espiritual? ¡No quieren nadar, naturalmente! Han nacido para la tierra, no para el agua. Y, naturalmente, no quieren pensar; como que han sido creados para la vida, ¡no para pensar! Claro, y el que piensa, el que hace del pensar lo principal, ése podrá acaso llegar muy lejos en esto; pero ése precisamente ha confundido la tierra con el agua, y un día u otro se ahogará. [p. 26]
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Cuando oyó que yo no bebía vino nunca, puso una vez más su cara irremediable y dijo:
—Sí, tiene usted razón. Yo también he vivido en continencia durante muchos años y he ayunado mucho tiempo; pero actualmente estoy otra vez bajo el signo de Acuario; un signo oscuro y húmedo. [p. 29]
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…la enfermedad psíquica de Haller es —hoy lo sé— no la quimera de un solo individuo, sino la enfermedad del siglo mismo, la neurosis de aquella generación a la que Haller pertenece, enfermedad de la cual no son atacadas sólo las personas débiles e inferiores, sino precisamente las fuertes, las espirituales, las de más talento. [p. 33]
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Cada época, cada cultura, cada costumbre y tradición tienen su estilo, tienen sus ternuras y durezas peculiares, sus crueldades y bellezas; consideran ciertos sufrimientos como naturales; aceptan ciertos males con paciencia. La vida humana se convierte en verdadero dolor, en verdadero infierno sólo allí donde dos épocas, dos culturas o religiones se entrecruzan. [...] Hay momentos en los que toda una generación se encuentra extraviada entre dos épocas, entre dos estilos de la vida, de tal suerte, que tiene que perder toda naturalidad, toda norma, toda seguridad e inocencia. [p. 34]
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…lo que para mí es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo más que si acaso en las novelas; en la vida, lo considera una locura. [p. 45]
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Y en ninguna parte había una puerta, en parte alguna un arco ojival, sólo la tapia oscura, callada, sin paso. Sonriente, seguí mi camino, saludé amable con la cabeza al tapial: “Buenas noches, tapia; yo no te despierto. Ya el tiempo vendrá en que te derribarán, te llenarán de codiciosos comerciales, pero entre tanto aun estás ahí, aun eres bella y callada y me gustas.” [p. 56]
Había aprendido mucho de lo que las personas con buen entendimiento pueden aprender, y era un hombre bastante inteligente. Pero lo que no había aprendido era una cosa: a estar satisfecho de sí mismo y de su vida. [p. I]
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Y hasta la vida más desgraciada tiene también sus horas luminosas y sus pequeñas flores de ventura entre la arena y el peñascal. [p. IV]
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…en momentos muy raros, hacían los dos alguna vez las paces y vivían juntos en amor y compañía, de modo que no sólo dormía el uno cuando el otro velaba, sino que ambos se fortalecían y cada uno de ellos redoblaba el valor del otro. [p. V]
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Y no es que fuera odioso y detestado y antipático a los demás. Al contrario, tenía muchos amigos. Muchos lo querían bien. Pero siempre era únicamente simpatía y amabilidad lo que encontraba; lo invitaban, le hacían regalos, le escribían bonitas cartas, pero nadie se le aproximaba espiritualmente, por ninguna parte surgía compenetración con nadie, y nadie estaba dispuesto ni era capaz de compartir su vida. [p. IX]
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La inmensa mayoría de los intelectuales, la mayor parte de los artistas pertenecen a este tipo. Únicamente los más vigorosos de ellos traspasan la atmósfera de la tierra burguesa y llegan al cosmos; todos los demás se resignan o transigen, desprecian la burguesía y pertenecen a ella, sin embargo, la robustecen y glorifican, al tener que acabar por afirmarla para poder seguir viviendo. [...] y en tal infierno han de cocerse y fructificar sus talentos. [...] Pero a los otros, a los que permanecen sometidos, cuyos talentos son con frecuencia objeto de grandes honores por parte de la burguesía, a éstos les está abierto un tercer imperio, un mundo imaginario, pero soberano: el humorismo. [p. XIX, XX]
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El hombre no es de ninguna manera un producto firme y duradero [...], es más bien un ensayo y una transición; no es otra cosa sino el puente estrecho y peligroso entre la naturaleza y el espíritu. Hacia el espíritu, hacia Dios, lo impulsa la determinación más íntima; hacia la naturaleza, en retorno a la madre, lo atrae el más íntimo deseo: entre ambos poderes vacila su vida temblando de miedo. [...] El “hombre” de esta convención es, como todo ideal burgués, un compromiso, un tímido ensayo de ingenua travesura para frustrar tanto a la perversa madre primitiva Naturaleza como al molesto padre primitivo Espíritu en sus vehementes exigencias, y lograr vivir en un término medio entre ellos. [p. XXIX]
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También el lobo tiene dos y más de dos almas dentro de su pecho de lobo, y quien desea ser un lobo incurre en el mismo olvido que el hombre de aquella canción: “¡Feliz quien volviera a ser niño!” El hombre simpático, pero sentimental, que canta la canción del niño dichoso, quisiera volver también a la naturaleza, a la inocencia, a los principios, y ha olvidado por completo que los niños no son felices en absoluto, que son capaces de muchos conflictos, de muchas desarmonías, de todos los sufrimientos. [p. XXXII]
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Que hombres de tales posibilidades salgan del paso con lobos esteparios y “hay viviendo dos almas en mi pecho”, es tan extraño y entristecedor como que muestren con frecuencia aquella afición cobarde a lo burgués. Un hombre capaz de comprender a Buda, un hombre que tiene noción de los cielos y abismos de la naturaleza humana, no debería vivir en un mundo en el que dominan el common sense, la democracia y la educación burguesa. Sólo por cobardía sigue viviendo en él… [p. XXXIV]
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¿Dónde vive en esta ciudad, dónde vive en este mundo la persona cuya muerte me representara a mí una pérdida? ¿Y dónde la persona a la cual mi muerte pudiera significar algo? [p. 69, 70]
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Ah, dondequiera que mirara, dondequiera que enviase mis pensamientos, en parte alguna me aguardaba una alegría ni un atractivo, en parte alguna atisbaba una seducción; todo hedía a corrupción manida, a putrefacta medioconformidad; todo era viejo, marchito, pardo, macilento, agotado. Santo Dios, ¿cómo era posible? ¿Cómo había podido yo llegar a tal extremo, yo, el joven lleno de entusiasmo, el poeta, el amigo de las musas, el infatigable viajero, el ardoroso idealista? [p. 72]
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“Hijo mío, tomas demasiado en serio al viejo Goethe. A los viejos, que ya se han muerto, no se les puede tomar en serio, eso sería no hacerles justicia. A nosotros los inmortales no nos gusta que se nos tome en serio, nos gusta la broma. La seriedad, joven, es cosa del tiempo: se produce, esto por lo menos quiero revelártelo, se produce por una hiperestimación del tiempo. También yo estimé demasiado en mis días el valor del tiempo, por eso quería llegar a los cien años. En la eternidad, sin embargo, no hay tiempo, como ves: la eternidad es sólo un instante, lo suficientemente largo para una broma.” [p. 103]
Cuando le di las orquídeas, se puso contenta y río.
—Es muy bonito de tu parte, Harry. Tú querías hacerme un regalo, ¿no es verdad?, y no sabías bien qué elegir, no sabías así con seguridad hasta qué punto estabas realmente autorizado para hacerme un obsequio sin ofenderme, y has comprado orquídeas; esto no son más que unas flores y, sin embargo, son bien caras. Por otra parte, no quiero dejar de decirte en seguida: no quiero que me regales nada. Yo vivo de los hombres, pero de ti no quiero vivir. [p. 115]
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—Yo te gusto —continuó ella—, por el motivo que ya te he dicho: he roto tu soledad, te he recogido precisamente ante la puerta del infierno y te he despertado de nuevo. Pero quiero de ti más, mucho más. Quiero hacer que te enamores de mí. No, no me contradigas, déjame hablar. Te gusto mucho, de eso me doy cuenta, y tú me estás agradecido, pero enamorado de ti no lo estás. Yo voy a hacer que lo estés, esto pertenece a mi profesión; como que vivo de eso, de poder hacer que los hombres se enamoren de mí. Pero entérate bien: no hago esto porque te encuentre francamente encantador. No estoy enamorada de ti, Harry, tan poco enamorada como tú de mí. Pero te necesito, como tú me necesitas. Tú me necesitas actualmente, de momento, porque estás desesperado y te hace falta un impulso que te eche al agua y te vuelva a reanimar. Me necesitas para aprender a bailar, para aprender a reír, para aprender a vivir. Yo, en cambio, también te necesito a ti, no hoy, más adelante, para algo muy importante y hermoso. Te daré mi última orden cuando estés enamorado de mí, y tú obedecerás, y ello será bueno para ti y para mí. [p. 120]
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¿Es que hemos de prescindir de todo, de renunciar a todo espíritu, a todo afán, a toda humanidad, dejar que sigan triunfando la ambición y el dinero y aguardar la próxima movilización tomando un vaso de cerveza? [...]
—Eso no lo harás —dijo maternalmente—. Tu vida no ha de ser superficial y tonta, porque sepas que tu lucha ha de ser estéril. Es mucho más superficial, Harry, que luches por algo bueno e ideal y creas que has de conseguirlo. ¿Es que los ideales están ahí para que los alcancemos? ¿Vivimos nosotros los hombres para suprimir la muerte? No; vivimos para temerla, y luego, para amarla, y precisamente por ella se enciende el poquito de vida alguna vez de modo tan bello durante una hora. Eres un niño, Harry. [p. 130, 131]
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Mira, bailar, cuando se sabe, es tan sencillo como pensar, y de aprender es mucho más fácil. [p. 132]
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—¿Ve usted? A mi juicio no sirve de nada hablar de música. Yo no hablo nunca de música. ¿Qué hubiese podido responderle yo a sus palabras tan inteligentes y apropiadas? Usted tenía tanta razón en todo lo que decía. . . Pero vea usted, yo soy músico y no erudito, y no creo que en música el tener razón tenga el menor valor. [p. 148, 149]
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…hemos de tocar precisamente lo que la gente pide en cada momento, y lo hemos de tocar tan bien, tan bella y persuasivamente como sea posible. [p. 151]
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Y en este estado de ánimo apagué, lleno de tristeza, la luz de mi gabinete; lleno de tristeza, busqué la alcoba, empecé a desnudarme lleno de tristeza; entonces me llamó la atención un aroma desusado, olía ligeramente a perfume, y al volverme, vi acostada dentro de mi cama a la hermosa María, sonriendo algo asustada con sus grandes ojos azules. [p. 155]
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—No hables de esa manera tan fea —corregía ella—. Es completamente natural. También tú me gustas, también tienes tú algo bonito, amable y especial; no debes ser de otra manera más que como eres. No hace falta hablar de estas cosas ni pedir cuentas de todo esto. Mira, cuando me besas el cuello o las orejas, entonces me doy cuenta de que me quieres, de que te gusto; sabes besar de una manera. . . , un poco así tímidamente, y esto me dice: te quiere, te está agradecido porque eres bonita. Esto me gusta mucho, muchísimo. Y otras veces, con otro hombre, me gusta precisamente lo contrario, que parece no importarle yo nada y me besa como si fuera una merced por su parte. [p. 159]
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…como húmedas flores marinas que sobresalían de la superficie de las aguas, venían flotando los retratos de muchas mujeres, que yo había amado, deseado y cantado, de las cuales sólo a pocas hube conseguido e intentado hacerlas mías. [...]
Estas imágenes —eran cientos, con y sin nombres— surgieron todas otra vez; subían jóvenes y nuevas del pozo de esta noche de amor, y volví a darme cuenta de lo que en mi miseria hacía tiempo había olvidado, que ellas constituían la propiedad y el valor de mi existencia, que seguían siendo indestructibles, sucesos eternizados como estrellas que había olvidado y, sin embargo, no podía destruir, cuya serie era la leyenda de mi vida y cuyo brillo astral era el valor indestructible de mi ser. [p. 160, 161]
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—María —dije—, eres pródiga hoy como una diosa. No nos mates por completo a los dos, que mañana es el baile de máscaras. ¿Qué clase de pareja va a ser la tuya en la fiesta? Temo, mi querida florecilla, que sea un príncipe de hadas y te rapte y no vuelvas ya nunca a mi lado. Hoy me quieres casi como se quieren los buenos amantes en el momento de la despedida, en la vez postrera.
Ella imprimió sus labios fuertemente a mi oído y susurró:
—¡Calla Harry! Cada vez puede ser la última. Cuando Armanda te haga suyo, no vuelves más a mi lado. Quizá sea mañana ya. [p. 181, 182]
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…y me agarré fuertemente y con fiereza a María, recorrí una vez más, ávido y ebrio, todos los senderos y malezas de su jardín, me cebé una vez más en la dulce fruta del árbol del paraíso. [p. 183, 184]
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“Esta noche, a partir de las cuatro, Teatro Mágico —sólo para locos—. La entrada cuesta la razón. No para cualquiera. Armanda está en el infierno.” [p. 192]
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Una bailarina española voló a mis brazos: “Baila Conmigo.” “No puede ser —dije—, voy al infierno. Pero un beso tuyo me lo llevo con gusto.” [...]
—Me hubiese gustado bailar contigo otra vez —dije, embriagado por su calor—; sigue conmigo unos pasos, María; estoy enamorado de tu hermoso brazo; ¡déjame todavía un momento! Pero, mira, Armanda me ha llamado. Está en el infierno.
—Me lo figuré. Adiós, Harry; yo sigo queriéndote. Se despidió. Despedida era, otoño era si no era, lo que me había dejado, el perfume de la rosa de verano, tan plena y tan fragante. [p. 193]
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—Hermano Harry, invito a usted a una pequeña diversión. Entrada sólo para locos, cuesta la razón. ¿Está usted dispuesto? [p. 205]
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—La idea equivocada y funesta de que el hombre sea una unidad permanente, le es a usted conocida. También sabe que el hombre consta de una multitud de almas, de muchísimos yos. Descomponer en estas numerosas figuras la aparente unidad de la persona se tiene por locura, la ciencia ha inventado para ello el nombre de esquizofrenia. La ciencia tiene en esto razón en cuanto es natural que ninguna multiplicada puede dominarse sin dirección, sin un cierto orden y agrupamiento. En cambio, no tiene razón en creer que sólo es posible un orden único, férreo y para toda la vida, de los muchos sub-yos. [p. 231]
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Vi cómo se ponía encarnada al reconocerme, vi su esfuerzo para ocultar su turbación y comprendí al punto que le gustaba, que para ella este encuentro significaba lo mismo que para mí. Y en lugar de quitarme otra vez el sombrero y quedarme descubierto e inmóvil hasta que hubiera pasado, ahora, a pesar del temor y del azoramiento, hice lo que la sangre me mandaba hacer, y exclamé: “¡Rosa! Gracias a Dios que has llegado, hermosa, hermosísima muchacha. ¡Te quiero tanto!” Esto no era acaso lo más espiritual que en aquel momento pudiera decirse, pero aquí no hacía falta ninguna el espíritu, bastaba aquello perfectamente. Rosa se detuvo, me miró y se puso aún más encarnada que antes, y dijo: “Dios te guarde, Harry. ¿De veras me quieres?” Y al decir esto, brillaban en su cara vigorosa los ojos oscuros, y yo me di cuenta: toda mi vida y mis amores pasados habían sido falsos y difusos llenos de necia desventura desde el momento en que aquel domingo había dejado marchar a Rosa. Pero ahora se corregía el error, y todo se hacía de otra manera, se haría todo bien. [p. 241]
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—Je, hijo mío, te estás haciendo un lío, y no dices ni pío. ¿Piensas en tus lectores, sufridos pecadores, los ávidos roedores? ¿Piensas en tus cajistas y linotipistas, herejes y anabaptistas, cizañeros y trapisondistas, y no más que medianos artistas? Me da mucha risa tu angustia imprecisa, tu torpe sonrisa; ¡es para morirse de risa y como para hacérselo en la camisa! Veo tu lucha incruenta, con la tinta de imprenta, con tu pena violenta, y por evitarte la afrenta, aunque sea una broma tremenda, voy a hacerte de un cirio la ofrenda. !Vaya un galimatías que te has armado; te sientes en ridículo, desgraciado, y estás en evidencia y condenado y ante tus propios ojos menospreciado! No sabes lo que hacer ni qué emprender. Con Dios logres quedarte, pero el diablo vendrá a llevarte, y a zurrarte y a apalearte, por tu literatura y arte, como que todo lo has apandado en cualquier parte. [p. 252]
Fragmentos tomados del libro: “El Lobo Estepario (Sólo para locos)” de HERMAN HESSE.
Colección Ideas, Letras y Vida. Cía. General de Ediciones, S.A. Vigésima Edición. 1969.
Estos fueron los pasajes o fragmentos que más me gustaron de esta fabulosa obra o con los que me he sentido de alguna manera identificado. También encontré en algunas de esas líneas algunas respuestas y por eso lo comparto. Aunque muchos opinarán que el libro es demasiado bueno (o no) para reducirlo a estos pasajes y quizá a más de uno le hayan gustado más quizás otros pasajes que los que he elegido aquí, por tanto, espero que sean tan amables de comentar y citar sus favoritos.
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