Andaba en unos rollos mentales bastante complicados, inestabilidades y millares de preocupaciones por resolver; aún así me tome el tiempo de ir a ver a Nadia Villafuerte para la presentación de su libro “Te gusta el látex, cielo”. Como es preciso decir en el medio en que circulan los literatos y artistas, generalmente siempre se ven las mismas caras, sin embargo, ese día se avecinaba una silueta curiosa que cuestionaba a la anfitriona del evento.
Toda la formalidad de la presentación tuvo el clímax glorioso de ese tipo de eventos con la llegada del brindis, la comida y los bocadillos; entonces entre el barullo quedé enfrente del sujeto alto y barbudo con acento norteño. De pronto, al calor de una cerveza al medio día, inició una conversación sobre las fronteras sur y norte del país.
De casualidad me explicó su proyecto sobre un libro que no había podido conseguir en la biblioteca pública dado que una señorita lo tenía desde hace ya cuatro meses. Con un poco de reparo y asombro recordé que la mañana anterior devolví el libro de Sartre, me reí un poco y atendiendo a su confesión le dije el nombre del libro. También rió y me amenazó su deseo de ahorcarme.
Con ese principio empezamos una relación del tipo amigos: “alumna-maestro”. Él, con su desorbitado conocimiento sobre filosofía me ayudó bastante con mi obra de poemas filosóficos y surrealistas; a escondidas y con justa discreción.
Pasaron 2 meses. Comentó que tenía broncas y que se regresaba a su tierra por unos días. Me manifestó su preocupación por sus mascotas y me dejó 10 kilos de alimento y las llaves de la casa que rentaba. En menos de una semana el alimento se agotó; con sus perros hambrientos y tristes pues los ubiqué en mi domicilio y a sus gatos los dejé en el arrendamiento.
Pasaron 4 meses desde que se fue. Me había comentado que volvería por sus mascotas y entonces le di instrucciones para localizar a los perros. Hace poco me invadió la curiosidad y regresé a su domicilio; ví la luz prendida y no había nadie. Como todavía tenia la llave abrí la puerta…..y esto fue lo que ví en la sala, con otros asombrosos cuerpos felinos más.
Escrito Por: Yanín Elizalde Givoudan
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