8 de Octubre de 2008. Este post es una llamada de atención a la sociedad en general y a las autoridades competentes. Es increible que en pleno siglo XXI y con tantos desarrollos tecnológicos en materia de seguridad no pueda ser posible que nosotros los automovilistas no tengamos conciencia de la responsabilidad que tenemos al manejar un vehículo. Es cierto que los automóviles ya los hacen de manera tal que al conductor que sufra un siniestro salga intacto (en un alto grado de probabilidad cada vez mayor), ¿pero qué pasa con las personas que se encontraban fuera del vehículo y que también fueron parte del accidente? ¿Quién protege a éstas personas? Aquí es donde entra la conciencia social, individual y la acción de las autoridades.
Las autoridades han cumplido con establecer un sistema de transito, con su reglamento, señalamientos, pasos peatonales, límites de velocidad, multas, etc. Sin embargo, esto no es suficiente, al parecer. Todavía podríamos establecer mayores medidas de seguridad (que si fueramos más concientes y responsables no serían necesarias).
Lo anterior lo he escrito, inspirándome en el susto que pasé hace dos días, cuando a un colega que ni conozco de mi universidad, la Facultad de Contaduría y Administración (FCA) de la UADY, por poco y se lo lleva de corbata un Atos by Dodge rojo, cuando mi compañero se encontraba cruzando la calle a través del paso peatonal que se encuentra precisamente en la entrada de dicha institución. El muchacho sólo se salvo ya que “afortunadamente” el que manejaba lo alcanzó a ver instantes antes y por medio de un rechinar de llantas, instintivamente nuestro estudiante pudo esquivar de un brinco al despistado, imprudente e inconciente conductor.
Mi preocupación radica en que ésta no es la primera vez que suceden este tipo de anécdotas en frente de mi escuela. Ya desde hace cuatro años llevo enterándome de varios casos que, aunque han sido recurrentes, las autoridades no han hecho nada al respecto. Particularmente a mí me ha pasado muchísimas veces que, a pesar de que los conductores me alcanzan a ver, ellos pasan como si nada, lo cual es comprensible ya que el paso ni siquiera es tope, la señal está tapada por las ramas de un árbol y las lineas amarillas sobre el pavimento ya se se encuentran algo despintadas.
La petición obvia hacia las autoridades del ayuntamiento de la Blanca Ciudad de Mérida es que nos pongan nuestro tope (Únete a la Causa en Facebook) con su respectivo señalamiento amarillo y visible. Ya no somos niños, somos universitarios pero todavía los coches son un factor de riesgo hacia nuestra integridad por lo que se ha visto. Lo hago por este medio ya que honestamente no sé a dónde dirigirme y ese tipo de burocracias definitivamente no les entiendo, no sé como se hace, a pesar de que haya miles de comerciales propagandeando los servicios que se nos ofrece pero a la hora que necesito de alguno, obviamente ya no recuerdo donde se hace. Lo mío es escribir, por eso tengo este espacio y eso es lo que hago.
Ya hablé de las autoridades, pero también en este varullo estamos metidos tanto los pobres peatones como los cafres conductores. Por lo tanto, no sobra enumerar varias recomendaciones simples y obvias que si se toma conciencia se pueden evitar más sustos.
Para los cafres conductores:
- Si pasas diario por ahí, ya sabes por donde hay peatonales. No porque ya los conozcas pases con toda la confianza.
- Si eres nuevo en esa calle, regla no.1 es ir con mayor precaución que la normal para evitarse sorpresitas.
- Respeta los límites de velocidad.
- Regla de Oro: TODAS las escuelas tienen pasos peatonales; y si no lo tienen es meritorio pasar con baja velocidad y mucha precaución que siempre hay gente cruzando frente a las escuelas, así como en los hospitales y parques recreativos.
Para los pobres peatones:
- Aunque estén usando el paso peatonal, no se atraviesen como ganado suelto.
- Parece consejo para niños, pero deben ver hacia ambos lados de la calle.
- No asuman que los conductores se van a parar.
- Siempre hay gente distraida y el paso peatonal es una preferencia, no un escudo anti-coches.
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