Siempre estuve seguro de tu existencia y que tarde o temprano sabría más de ti. Ahora mientras la medianoche me come y a media luz intento pensar, no basta un océano de palabras para hacerte saber lo que significa comprender, así de pronto, que en algún lugar no tan lejano respira una parte de mí.
Son ya más de mil quinientos días sin tu llanto, sin tu sonrisa. Más de mil quinientas noches privado de arroparte, de mecerte y de arrullarte. De no leerte un cuento antes de ir a dormir. De no velar tu sueño con una plegaria.
Sé que por ahora tu mundo es un lugar de curiosidades y juegos. Sé que duermes en nubes y tu corazón pequeño no sabe de circunstancias ni errores, ni de las maniobras torcidas del destino. Sé que quizá nunca sepas que te he nombrado de mil maneras y en mis noches de insomnio también te he dado forma. Te he puesto las enormes pestañas de tu madre, unos ojos enormes y puros, esa nariz moldeada por destellos y la boca dulce y tierna adornada con una pícara y todavía inocente sonrisa.
El tiempo es cruel y a veces justiciero, tanto, que mi corazón ha estado enroscado aguardando mudo e impaciente por una noticia tuya. Eres mi razón de existir, mi deseo, mis entrañas, mi mayor necesidad, una promesa cumplida.
Y a pesar de que no estuve allí para guiar tus primeros pasos, escuchar tus primeras palabras, ver nacer tus primeros dientes y volverme cómplice de tus constantes travesuras, añoro el momento en el que pueda besar tu frente y pellizcar tus mejillas. Frágil, tan linda. Muñeca de polvo y sueños que desvaneces mis tristezas día con día.
Celebro que esta noche hasta la estrella más remota brilla. La luna canta y un coro de ángeles errantes aplaude tu presencia con júbilo y alegría. Celebro que hay dicha en tus ojos y quietud en mi alma; porque en tu sangre late mi sangre.
Ríe, princesa, en mi pálido crepúsculo y bendecido sea tu camino. Porqué tú, niña mía, eres lo único bueno que he hecho en mi vida.
Autor: Die_Furie
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